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Conectar con nuestro maestro primigenio: Buda

Thay escribió esta carta para todos sus estudiantes durante el otoño de 2014, cuando su salud empezaba a debilitarse. A pesar de que Thay no tenía suficiente fuerza para dar charlas del Dharma, pudo dictar y editar esta carta.

La carta ha sido traducida del vietnamita para que todos disfruten de esta rica, profunda y sentida enseñanza sobre cómo comprender la ‘práctica devocional’ y la figura de Buda en la tradición de Plum Village.

Thay nos enseña a mantener nuestra práctica auténtica y viva y a mirar a Buda no como a un Dios, sino como a nuestro propio ‘maestro primigenio’, nuestro compañero del alma.


Ermita del Riachuelo Fragante
27 de septiembre de 2014

Mis hijos queridos:

En el tiempo en que Thay entró por primera vez al templo, a la edad de dieciséis años, se solía llamar a Shakyamuni Buda nuestro maestro primigenio. Pero el Buda que Thay encontró cuando llegó no era tanto un maestro, sino una figura legendaria: un hacedor de milagros con inmensos poderes espirituales, muy diferente de otros seres humanos. No encontramos ni al Buda del budismo primigenio ni al Buda theravada. El Buda del budismo primigenio es un maestro que vivió una vida muy sencilla, alguien que extendía su cojín para sentarse sobre la tierra y compartir el Dharma, comer con los otros monjes y dar charlas. Pero esa no fue la imagen que encontramos en el templo. Llamábamos a Buda ‘nuestro maestro’, pero en realidad había una gran distancia entre nosotros y Shakyamuni. Él era una figura sagrada y milagrosa. Tuvieron que pasar varias décadas para que Thay descubriera la verdadera imagen del maestro primigenio, el verdadero maestro original. Igual que hablamos de tener nuestro templo primigenio o nuestra raíz natural, de la misma manera tenemos cada uno nuestro propio maestro primigenio.

Varias décadas más tarde, Thay descubrió quién fue realmente Buda y soñó con escribir un libro que permitiera a la gente mirar a Buda no como una divinidad milagrosa, sino como un verdadero maestro. Con todo su corazón, Thay empezó a escribir Camino viejo, nubes blancas para liberar a Buda de todos los halos y misterios y para que pudiera ser visto claramente como una persona, un maestro a quien todos pudiéramos sentir cercano. Es un gran mérito de Thay haber escrito el libro Camino viejo, nubes blancas. Ha ayudado a hacer brotar la imagen de un maestro que llevó una vida sencilla y que resolvía los retos que enfrentaba no con poderes milagrosos, sino con una visión profunda y compasiva.

El Buda que Thay se encontró cuando tenía dieciséis años de edad era el Buda de la escuela tantra. En los templos vietnamitas de ese tiempo había dos sesiones de cantos. El canto de la mañana era totalmente tantrayana. Cantábamos dharanis como el Suraṅgama dharani y el Maha karunā dharani, además de otros diez mantras. El canto de la noche era de la liturgia de la Tierra Pura dedicada al buda Amitabha. Cuando practicábamos el budismo amitabha, la imagen del buda Shakyamuni se desvanecía. De pie ante la imagen de Amitabha, en las enseñanzas de la Tierra Pura, Thay no tenía oportunidad de encontrarse con su maestro primigenio. Aun así, en ese tiempo Thay tenía una plena intención de practicar y una poderosa bodhicitta, un deseo muy fuerte y profundo, y estaba determinado a practicar y a transformarse. Así que a pesar de que el Buda que Thay encontró era alguien muy distante, él lo aceptaba. Más aún, el texto de introducción del Surangama dharani, que nuestros ancestros espirituales habían escogido para que lo cantáramos cada mañana, era profundamente conmovedor. Cada monje o monja novicio que leía ese sutra se sentía genuinamente conmovido. El sutra narra el voto de aspiración que hizo el venerable Ananda para convertirse en un buda a fin de que todos los seres sean liberados. Cada vez que lo recitábamos surgía un sentimiento profundo y eso conmovió el corazón de Thay. Él todavía no podía ver las contradicciones y adoctrinamiento que había en su educación.

Había pasajes muy conmovedores en el sutra, como por ejemplo:

Que tan pronto como sea posible pueda realizar los frutos de la práctica y pueda convertirme en un buda
para poder salir al mundo a ayudar a transformar y liberar a tantos seres como granos de arena hay en el Ganges.
Prometo, desde lo más profundo y amplio de mi corazón, servir en todos los ámbitos
y alcanzar los méritos suficientes para poder devolver por ahora la profunda gratitud que le debo a Buda.

Cuando un monje o monja joven lee este pasaje se siente muy conmovido. El venerable Ananda en ese tiempo era también un joven monje. En el pasado, Thay solo sabía recitar y escuchar pasajes como este y no podía ver las contradicciones que contienen. De igual forma en los cuatro versos siguientes:

Honrado por el Mundo,
prometo ser uno de los primeros en salir
al mundo lleno de sufrimiento, maldad, violencia y de los cinco placeres sensuales,
para ayudar a liberar a todos los seres.
Que seas testigo de mi promesa
de que mientras exista un ser vivo que no sea todavía un buda
no me permitiré realizar el nirvāṇa.

Le tomó a Thay varias décadas revisar esa última frase y ver que era incorrecta. Esta frase dice que una vez que alcanzas el nirvana, estás en un lugar donde no tienes que hacer ya nada, únicamente descansar y disfrutar. Por lo tanto, no sería bueno alcanzar el nirvana porque no podríamos hacer el trabajo de liberar a los demás seres. Una vez que alcanzásemos el nirvana solo nos quedaría disfrutar de ello. Esta es una forma incorrecta de considerar el nirvana. En principio, cuando logramos la visión profunda, podemos entrar en contacto con la naturaleza del no nacimiento, no muerte, no venir, no partir, no ser, no no ser. Ese es el mundo de la paz, de la tranquilidad, de la felicidad: eso es el nirvana. Si no somos capaces de disfrutar de esas cosas, ¿cómo podríamos tener la fuerza suficiente para continuar trabajando para liberar a otros seres? Decir: «No alcanzaré el nirvana porque necesito permanecer en el mundo pasando por todos los sufrimientos para poder liberar a otros seres vivientes» es completamente incorrecto. Pero Thay no podía darse cuenta de ello porque era todavía un joven monje.

Estos conceptos equivocados surgieron de múltiples faltas de comprensión de lo que es el nirvana. Por ejemplo, existe la idea de un nirvana con residuo y de un nirvana sin residuo. El nirvana sin residuo es aquel en el que no existen los cinco skandhas. Pero si en el nirvana no hubiera cinco skandhas, ¿cómo se podría experimentar la paz, la calma y la alegría del nirvana? El nirvana con residuo se da cuando hemos realizado el camino y hemos llegado al nirvana, pero todavía conservamos nuestro cuerpo con los cinco skandhas. Creemos que cuando todavía tenemos un cuerpo con cinco skandhas, seguimos teniendo la posibilidad de que nos duela la cabeza o el estómago. Nuestras piernas pueden sentir cansancio, nuestros brazos pueden dolernos y, por tanto, se dice que eso no es el nirvana sin residuo. Esa es una forma muy equivocada de considerar el asunto. Esa interpretación implica que la felicidad y el sufrimiento son dos cosas totalmente separadas, que no se necesitan mutuamente; que la felicidad puede existir por sí misma y no necesita del sufrimiento; o que el sufrimiento puede existir sin la felicidad. Esa es una forma dualista de mirar las cosas que no es correcta ni está de acuerdo con el espíritu del interser en el budismo.

En el budismo se diferencia entre los cinco skandhas y los cinco skandhas del apego. De hecho, los cinco skandhas son algo maravilloso, pero si con nuestra mente nos apegamos a los cinco skandhas y decimos que esos cinco skandhas somos nosotros, o que nos pertenecen, entonces los cinco skandhas se convierten en skandhas de apego. Upadana significa ‘apego’ y ‘el objeto del apego’. El nirvana no es un lugar donde no existan los cinco skandhas, sino donde los cinco skandhas no son los cinco skandhas del apego. Los cinco skandhas son hermosos, como lo son los cinco skandhas de Buda.

Los jóvenes recién ordenados monjes o monjas se encuentran con la siguiente imagen del buda Shakyamuni conforme al tantrayana en los versos introductorios al Śūraṅgama Dhāraṇī:

«Del montículo sobre su cabeza el Tathagata irradia rayos de luz que contienen cien joyas preciosas. Dentro de esos rayos de luz que irradia el Tathagata aparece un loto de mil pétalos y, sentado sobre ese loto, está un cuerpo en transformación de Buda. Desde la punta de la cabeza del Buda en transformación también irradian diez halos y cada uno de estos halos contiene cien joyas preciosas. En cada uno de estos halos aparecen muchos protectores del Dharma en un número tan grande como los granos de arena del Ganges. Cada protector del Dharma tiene una montaña en una mano y en la otra un cetro de diamante y su presencia se siente en todo el espacio. La congregación, al contemplar esto, siente gran temor, asombro y amor. Al contemplar al Honrado por el Mundo, todos oran sinceramente al Honrado por el Mundo pidiendo su compasión y protección y están ansiosos de escucharlo. Irradiando un halo de lo alto de su cabeza, el Honrado entonces empieza a proclamar el Surangama dharani…»

En el budismo primigenio y en el budismo theravada no podría existir una imagen como esta. Buda no es una divinidad milagrosa con halos que lo mantienen distante de los seres humanos. En la tradición tántrica, estos protectores del Dharma son divinidades animales que siguen a Buda y prometen defender el Budadharma. La imagen de una divinidad protectora del Dharma es alguien que sostiene un cetro de diamante, un cetro con el poder de destruir a cualquiera que se atreva a hacer daño al Budadharma. Al visualizar la imagen del halo radiante de Buda y de todas las divinidades blandiendo sus cetros de diamante a través de todo el espacio, la comunidad siente mucho miedo, pero también siente gran respeto y amor. Esa es la razón por la que todos escuchan atentamente a Buda cuando empieza a recitar el Surangama dharani. Eso es budismo tántrico.

Si bien en Vietnam llamamos zen a nuestros templos budistas, de hecho, la mayoría de los templos practican el budismo tántrico y el budismo de la Tierra Pura. Por la mañana se recita el dharani y por la tarde se evoca a Amitabha. La imagen de un buda irradiando un halo de luz, con la manifestación de una gran asamblea de deidades protectoras del Dharma a lo largo de todo el espacio recitando un dharani sagrado durante veinte minutos es una imagen en la que puedan creer las nuevas generaciones o los intelectuales de nuestro tiempo. Al igual que la imagen de un Dios creador como un anciano barbado sentado sobre las nubes, decidiendo el destino de cada uno en el mundo tampoco es creíble para los jóvenes en la actualidad. Y, aun así, seguimos recitando este texto y visualizando la imagen de una divinidad como esa. ¿Cómo puede un budismo así ser apropiado para nuestros tiempos?

En el prefacio que contiene el voto del venerable Ananda y que abre el sutra que recita el Surangama dharani hay un verso que exalta el sutra de la siguiente manera:

Este Surangama dharani es excepcionalmente precioso.
Tiene la capacidad de destruir las falsas percepciones,
la capacidad de romper las cadenas
acumuladas por incontables miles de vidas
y me permite realizar el dharmakaya
sin tener que atravesar tantos y tantos kalpas (vidas).

Las ‘percepciones erróneas’ son percepciones que están ‘al revés’. Por ejemplo, cuando decimos que algo negro es blanco, o que el sufrimiento es felicidad, o cuando las cosas son impermanentes y creemos que son permanentes o cuando creemos que tiene un yo algo que no lo tiene. Esas son ‘percepciones erróneas’ o ‘percepciones al revés’. La frase ‘percepciones erróneas’ también aparece en el Sutra del corazón, donde se dice que el bodhisattva destruyó todas las percepciones erróneas.

Las cuatro percepciones erróneas, como se les conoce comúnmente, son:

Algo que es impuro, lo llamamos puro.
Algo que es doloroso, lo llamamos placentero.
Algo que es impermanente, lo llamamos permanente.
Algo que es no yo, decimos que tiene un yo.

Estas son las cuatro ‘percepciones al revés’ que los monjes del pasado nos enseñaron de manera muy dogmática. En los cuatro establecimientos de la plena consciencia (los establecimientos del cuerpo, de las sensaciones, de la mente y de los objetos de la mente) contemplamos el cuerpo en el cuerpo, las sensaciones en las sensaciones, la mente en la mente y los dharmas en los dharmas, y se nos enseña a considerar el cuerpo como impuro, lo que solo nos trae sufrimiento. Se nos ha dicho que el cuerpo no puede ser puro, las sensaciones son solo sufrimiento, la mente es solamente impermanente y los objetos de la mente solo pueden ser no yo. Lo aprendimos de memoria y fuimos adoctrinados para creerlo. «El cuerpo es impuro, las sensaciones son dolorosas, la mente es impermanente, los objetos de la mente solo pueden ser no yo». Se presenta como una verdad inmortal que no puede ser cuestionada. En los doce eslabones del génesis condicionado, las sensaciones son sufrimiento. Pero si las sensaciones son solamente sufrimiento, ¿cómo pueden llevarnos al deseo? Debe haber sensaciones placenteras para que nazca en las personas el deseo de obtenerlas o el apego a ellas.

Cuando Buda vivía en este planeta, ya existía el término dharmakaya. Un día, Buda fue a visitar a Vakkhali, quien estaba moribundo, y le preguntó:

«Vakkhali, ¿te arrepientes de algo?»
«Honrado por el Mundo, no me arrepiento de nada. No tengo remordimientos. Tan solo una cosa: que estoy demasiado enfermo para ir a verte y disfrutar tu presencia cuando das las charlas de Dharma en el Pico del Buitre».

Es bien sabido que Vakkhali había estado muy apegado a Buda, tanto que Buda no le permitió ser su asistente.

Entonces Buda dijo:
«Vakkhali, este cuerpo carnal es impermanente. Su naturaleza es la de desintegrarse algún día. Si tienes el Dharmakaya de Buda, no te faltará nada y tampoco tendrás nada que lamentar».

Estas palabras nos muestran que en tiempos de Buda ya existía el término dharmakaya, el cuerpo del Dharma. Generalmente entendemos el cuerpo del Dharma como las enseñanzas, incluyendo las cuatro nobles verdades, el noble óctuple sendero, los siete elementos de la iluminación y las formas de practicar que tienen la capacidad de transformar el sufrimiento, nutrirnos a nosotros y a otros con el fin de que seamos liberados, libres de nuestros apegos, transformar nuestras aflicciones y estar en posibilidad de poder ayudar a otros en este mundo. En ese tiempo, no existía la expresión cuerpo de Sangha. Tuvimos que esperar veinte siglos más para que surgiera en Plum Village la expresión cuerpo de Sangha. Entre los tres términos: cuerpo de Buda, cuerpo del Dharma y cuerpo de Sangha, el cuerpo de Sangha es de extrema importancia. Como monje o monja, si no tienes un cuerpo de Sangha, nunca podrás realizar tu aspiración. Por eso, después de que Shakyamuni se iluminó, lo primero que hizo fue buscar amigos para formar una sangha de seis personas. Buda se dio cuenta de manera clara de que sin un cuerpo de Sangha nunca podría realizarse el camino de un buda.

Los monjes y monjas jóvenes, al ordenarse por primera vez, tienen una bodhicitta muy poderosa y sólida. Ellos hacen votos para practicar y convertirse en un buen monje o una buena monja que serán capaces de traer paz, alegría y liberación a su comunidad de práctica. Necesitamos construir un cuerpo monástico de sangha de tal manera que podamos organizar la práctica para poder ayudar también a los practicantes laicos a sanar, a transformarse y a liberarse de su sufrimiento. El voto del venerable Ananda en el prefacio al Surangama dharani es muy conmovedor. Ese era su sueño y es también el sueño de todos aquellos que desean convertirse en buenos monjes o monjas.

El canto Mi aspiración escrito por el maestro zen Di Son expresa ese mismo sueño. Leyendo este canto, vemos el sueño de un joven monje o monja que desea convertirse en un gran maestro del Dharma para poder ayudar al mundo en todas las formas. Durante los primeros años, muchos de nosotros nos nutrimos con esas profundas aspiraciones, pero a no ser que tengamos la oportunidad de aprender cómo manejar nuestras sensaciones y nuestras emociones dolorosas, cómo generar alegría y felicidad para nutrirnos, cómo usar los métodos de escucha profunda y habla amorosa para restablecer la comunicación con nuestros hermanos y hermanas, si no aprendemos a hacer todas estas cosas, no podremos construir una sangha monástica. No tendremos los medios esenciales para cumplir el voto profundo de un monje o monja. Aunque muchos tengamos la oportunidad de estudiar en institutos budistas, ya sean estudios elementales, intermedios o avanzados, los maestros del Dharma no enseñan las prácticas básicas, solo enseñan doctrinas religiosas para que las aprendamos de memoria y las podamos transmitir a las futuras generaciones. Esa es nuestra forma retórica de aprender y tenemos que cambiarla. Los maestros del Dharma nos deben enseñar la manera de respirar, de andar y sentarnos, cómo manejar formaciones mentales como la ira, la tristeza, las sensaciones y emociones fuertes. Una vez que sepamos cómo hacer todo esto, podremos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a hacer lo mismo y seremos capaces de enseñarlo a nuestros estudiantes.

Cuando aprendemos a usar el habla amorosa y la escucha profunda para llegar a la reconciliación y al restablecimiento de la comunicación, realmente podemos construir un cuerpo de Sangha. El cuerpo de Sangha es el medio básico para hacer realidad nuestro deseo más profundo y nuestra carrera como monjes o monjas. Es una deficiencia que nos enseñen estas cosas en los institutos de budismo. Incluso los monjes y maestros del Dharma más veteranos ignoran cómo practicarlos. Por esta razón, aunque que haya solo tres o cuatro hermanos viviendo juntos, no pueden vivir en armonía entre ellos; cada uno abriga su propio sueño. Y en nuestra vida monástica cotidiana nos limitamos a atender las necesidades de nuestro templo de rituales devocionales y buscamos la comodidad material y afectiva. Un monje o monja que es muy capaz de llenar estas necesidades tiene una vida más fácil que los demás, especialmente si saben cantar bien o realizar bonitas ceremonias de ofrenda. Hay monásticos que envidian a los que tienen esas habilidades.

Al final, la mayoría de monjes y monjas solo desean convertirse en abad o abadesa del templo, tener unos ingresos financieros estables, cuidar el templo y formar a algunos novicios para que ayuden a seguir atendiendo a las necesidades de ceremonias de ofrenda y funerales. Si vivimos así, nunca realizaremos nuestro sueño: seguirá siendo solo un sueño. Muy temprano cada mañana cantamos el prefacio de la promesa profunda del venerable Ananda, cantamos el canto del maestro Di Son Mi aspiración, pero aún así nunca realizaremos nuestro sueño. Ese es el caso del 95% de monjes y monjas, que al final se convierten en meros monjes de ceremonia. Muchos monjes han quedado atrapados en cargos importantes y títulos especiales en la jerarquía budista.

Hay solo un pequeño número de monjes, menos de 1%, que se convierten en investigadores o estudiosos. Aunque un erudito es un elemento importante, no tiene la capacidad de construir una sangha y ayudar a las personas a liberarse de su sufrimiento. En la historia reciente de Vietnam, ha habido un número de monjes de altura que ha tenido la capacidad de construir una sangha y ayudar a las personas a liberarse de su sufrimiento. Entre ellos están el maestro zen Phyoc Hue del templo Thap Thap den Binh Dinh, el maestro zen Tri Thu, abad del templo Ba La Mat en Hue, el maestro zen Thien Hoa, director del Instituto de Estudios Budistas del Sur de Vietnam en el templo An Quang ubicado en la calle Su Van Hanh en Saigón, el maestro zen Thien Hoa, abad del templo Phuoc Hau en Tra On y el maestro zen Tri Tinh del Instituto de Estudios Budistas de Lien Hai, el venerable Nun Hai Trieu Am y el maestro zen Thich Thanh Tu, quien aún vive.

Les ruego que observen la situación actual del budismo vietnamita de manera clara para que les ayude a despertar. El objetivo de un monje o una monja no es buscar la comodidad material y emocional, sino convertirse en un buen monástico que pueda construir sangha, ayudar al mundo y realizar la verdadera carrera de un monje o monja; nutrir y realizar la vigorosa bodhicitta que teníamos en un principio.

La primera forma de comprender el dharmakaya tal como aparece en el budismo primigenio es ‘las enseñanzas esenciales de Buda y los métodos de práctica para manejar el sufrimiento, generar felicidad y alegría y liberarnos a nosotros para el bien de todos los demás seres’. En el budismo primigenio, dharmakaya significa eso simplemente. Perdurará solo si sabemos cómo transmitirlo a las generaciones futuras.

Pero cuando llegamos a la escuela yogacara delos siglos V y VI d. C. comienza a formarse la idea del puro dharmakaya del tathagata Vairocana. Dharmakaya aquí no significa ya ‘los métodos de práctica’, sino, de hecho, el cuerpo cósmico, el cuerpo del ámbito del Dharma. Buda ya no es solo comprensión y acción, sino el cosmos en sí mismo. Si escuchamos profundamente la música del viento o el canto de los pájaros, si contemplamos cada flor, planta o pájaro, podemos ver que cada uno de estos fenómenos nos enseña el Dharma. Si sabemos escuchar profundamente, escucharemos las enseñanzas de las cuatro nobles verdades, el óctuple noble sendero, los cinco poderes y los siete elementos del despertar. Buda sigue ahí. Buda nunca ha muerto y continúa dando charlas del Dharma a través del cosmos. En este sentido, Buda es el cosmos y Buda es el creador del cosmos. Esto nos lleva a una idea del dharmakaya que es muy cercana a la idea de dios en las religiones teístas. Esto tiene sus puntos buenos, porque ha sido una fuente importante de inspiración en el budismo mahayana. El bambú púrpura, la flor amarilla, la luna redonda y las nubes blancas, son todas manifestaciones concretas del cuerpo del Dharma y cada uno de estos maravillosos fenómenos nos da una charla del Dharma. Este es el espíritu poético del budismo mahayana.

También está la forma de entender el sambhogakaya, el cuerpo de retribución. En la escuela yogacara, Buda es visto como alguien de grandes acciones y que ha logrado incontables méritos. Parece imposible que este cuerpo de retribución sea un pequeño cuerpo físico con una estatura de 1.80 metros, por lo que imaginamos un cuerpo de retribución de Buda de 30 metros de altura. Pero solo las personas que tienen ojos divinos pueden ver el cuerpo de retribución de Buda. Las treinta y dos hermosas marcas y las ochenta y dos marcas buenas son todas maravillosas y Buda está allá arriba en los cielos. Ese es el Buda auténtico. Y este pequeño ser viviente, que ni siquiera alcanza dos metros de altura, sentado en la posición de loto sobre un tapete en el bosque, no es nada más que el cuerpo de transformación de Buda, no es el verdadero Buda. Podemos ver esta idea en el Sutra del loto, donde se dice: «Buda no es solo Shakyamuni Buda sentado ahí dando una charla del Dharma en el Pico del Buitre. Él tiene innumerables cuerpos de transformación que están presentes en todas partes en el mundo». Cuando es necesario, Buda puede convocar a sus millones de cuerpos de transformación en todo el mundo, este pequeño cuerpo de Buda no se considera importante. La gente se aferra a estas ideas y a esta forma de considerar el cuerpo del Dharma y el cuerpo de retribución, y menosprecia el cuerpo humano de Buda.

En su largo poema titulado Abril Thay escribió este verso: «La pequeña flor no ha cesado de cantar». La flor en el bosque profundo es también el cuerpo de Dharma de Buda y esta flor nunca ha dejado de dar su charla del Dharma, nunca ha dejado de cantar. Este verso también está influenciado por la idea del cuerpo de Dharma de Buda.

Buda es el cosmos; el cosmos es un cuerpo. El cuerpo del ambito del Dharma se llama cuerpo cósmico. Esto también es correcto. Todas las nubes y todas las olas contienen el gran cuerpo del océano. Una nube no es solo una nube, una ola no es solo una ola. La nube y el río son también el gran océano, tienen un cuerpo de océano. Esa es la verdad. Por eso, cuando un joven monje o monja entra al templo, no encuentra a Buda como un ser humano, encuentra a Buda como el puro Dharmakaya de Vairocana o Locana, un cuerpo de retribución completamente perfecto llamado Locana. En el canto de ofrenda antes de una comida formal, todos hacemos el mudra de auspicio y después cantamos la Ofrenda del Dharmakaya puro del buda Vairocana y del cuerpo de retribución del buda Locana, así como de los 1.100 trillones de nirmanakaya (cuerpos de transformación) de Shakyamuni Buda.

Thay recuerda una vez en el Templo An Quang en Saigón cuando varios estudiantes universitarios, incluyendo a la Sra. Chi, a la Sra. Nhien, a la Sra. Bich, a la Sra. Phuong y a los hermanos mayores Ba Duong, Hue Duong, Chieu, Kha, y Cuong, fueron a visitar al venerable Thanh Tu. Thay Thanh Tu en ese tiempo era todavía joven y no había iniciado sus estudios de zen. Thay Nhat Hanh había copiado varios gathas zen de los maestros zen ancestrales de Vietnam de las dinastías Ly y Tran, y se las ofreció a Thay Thanh Tu. El venerable Thanh Tu era todavía en esa época un maestro del Dharma muy joven. A él le gustaron mucho esos gathas y desde entonces se empezó a interesar en el estudio del zen.

Ese día, Thay estaba sentado escuchando hablar a Thay Thanh Tu y a sus discípulos. La Sra. Phuong (la hermana Chan Khong) preguntó: «Thay, tú enseñas que este cuerpo es impuro. Contiene pus, excremento, sangre y sudor y no debemos apegarnos a él. Cuando miro a Thay, veo que tiene también pus, excremento, sangre y saliva. Entonces, ¿por qué aún así sentimos tanto respeto y amor?». Thay Thanh Tu sonrió, pero no respondió nada a esta estudiante universitaria. La pregunta demuestra que meditar sobre la impureza no es siempre efectivo. Aunque nuestra boca repita como un loro una y otra vez: el cuerpo es impuro, el cuerpo es impuro, nuestra mente permanece sin cambio y sigue apegada al cuerpo. Lo mismo sucede cuando repetimos otras frases como «las sensaciones son sufrimiento». Es como comer chile picante. Sabemos que el chile es realmente picante y aun así, lo comemos.

Thay recuerda una vez cuando las señoras Phuong, Nhiên, Chi, Bích, Nga y muchos otros fueron a visitar a Thay Thanh Tu al hospital Grall y vieron que Thay tenía una caja de bizcochos. Las jóvenes se decían unas a otras: «Thay no sabe que los bizcochos llevan huevos y mantequilla. Pero si dejamos que los coma, será nuestra culpa. Así que mejor acabemos con los bizcochos para que no sea nuestra culpa que Thay se los coma». Así que abrieron la caja y se los comieron. Se llevaron a casa la docena de bizcochos que quedaron para que Thay no se los comiera. Una vez, cuando Thay Nhat Hanh estaba en la Universidad de Princeton, dejó su ventana abierta. Mientras estaba fuera, una ardilla saltó de un arce y se metió en su habitación, abrió una caja de galletas y se las comió casi todas. Cuando Thay regresó no quedaban muchas galletas. Quizá, como la señora Phuong y las demás, la ardilla temió que Thay comiera las galletas, violando algún precepto.

Al principio las enseñanzas sobre la impureza eran un antídoto a la noción de pureza. Y luego creímos que la impureza era una verdad última y olvidamos que se trataba de un mero antídoto. Cuando decimos: «las sensaciones son sufrimiento», significa que la sensación de felicidad que percibes no es una verdadera sensación de felicidad, que es también sufrimiento. Tu sensación puede parecer jovial, pero en realidad, como todas las sensaciones, la alegría está hondamente conectada al sufrimiento. Nos hemos hecho dogmáticos acerca de la enseñanza de que las sensaciones son sufrimiento. Y, sin embargo, sabemos bien que el budismo enseña que existen, al menos, tres tipos de sensaciones: sensaciones dolorosas, sensaciones agradables y sensaciones neutras. Entonces, ¿por qué nos lavamos el cerebro de esa forma? Parece que no nos damos cuenta de que el sufrimiento y la felicidad están relacionadas. Si uno no existe, no existirá el otro. Por ejemplo, si no percibiéramos el frío, no conoceríamos la felicidad de vestir un abrigo caliente. Sin experimentar sufrimiento no podemos experimentar felicidad. Si no hemos conocido el sufrimiento no podemos experimentar alegría. Ambos inter-son. Esto es algo esencial en el budismo mahayana. El budismo mahayana ha redescubierto muchas preciosas joyas que estaban enterradas en el budismo primigenio, y que el budismo theravada no vio.

Por mucho tiempo, nuestros estudios y formación en el templo han seguido este espíritu de adoctrinamiento. Pero el budismo es una tradición muy abierta que dice que, cuando estudiemos, debemos usar nuestra visión profunda para discernir lo que estamos estudiando. No deberíamos estudiar como loros ni quedar atrapados en el dogma, aun cuando estemos estudiando las enseñanzas sobre la impureza, el sufrimiento, la impermanencia o el no yo.

En el pasado, cuando era aún un joven maestro del Dharma, gracias a una mente abierta y crítica, Thay veía en los sutras muchas cosas que le incomodaban, por no hablar de los comentarios. Había un elemento muy fuerte de adoctrinamiento. Alguien con una mente muy respetuosa hacia los maestros ancestrales no debía atreverse a decir nada. Pero en la historia, de vez en cuando, ha habido maestros zen, como el maestro Lin Chi, que se han atrevido a hablar: «¡Tontos! ¿Quieren salirse de los tres mundos? Y una vez que salgan de los tres mundos, ¿a dónde irán?». En la tradición budista no han faltado investigadores inteligentes y revolucionarios. Debido al respeto y la piedad de Thay, cuando veía errores en los sutras y en sus comentarios, encontraba la forma para justificarlos en lugar de corregirlos, debido a que no se atrevía a cambiar nada, no se atrevía a decir que los ancestros estaban equivocados. Pero en las últimas décadas Thay ha perdido el miedo. Thay tiene una edad avanzada. Thay tiene que decir, alto y fuerte, lo que ha descubierto. Por eso, en los últimos cinco o seis retiros de invierno, Thay ha hablado sinceramente sobre los errores que él ha encontrado, aun en sutras fundamentales como el Sutra del corazón. Thay hizo esto especialmente después de descubrir en el budismo primigenio algunos pasajes tan preciosos como el oro y tan valiosos como el jade. Por ejemplo, en el Itivuttaka y el Udana, así como en el Dhammapada chino:

Oh monjes, en el mundo hay nacimiento y muerte, pero también están lo no nacido y lo que no muere. En el mundo hay ser y no ser, pero hay también no ser y no no ser. En el mundo está el creador y lo creado, pero también está aquello que no crea y lo que no es creado. En el mundo existe lo condicionado y lo no condicionado, pero también está aquello que no es ni condicionado ni no condicionado.

Pasajes de los sutras como ese son preciosos. Hay también otros textos como el Sutra Kaccayana, donde Buda dijo muy claro: «La mayoría de las personas en el mundo están atrapadas en las ideas de ser y no ser». Gracias a frases tan breves como esa podemos corregir los errores de otros sutras.

¿Somos buenos amigos de Buda, compañeros del alma de Buda? ¿O seguimos a Buda ciegamente, repitiendo cualquier cosa que nos dicen que es correcta? Si deseamos ser amigos del alma de Buda, debemos tener una mente que discrimine y critique. No podemos creer en lo que otros dicen, aun si esa persona es nuestro maestro ancestral. Un libro como Compañero del alma de Buda, (escrito por Thay en vietnamita en 2014) no es realmente un libro de texto budista. Lo podríamos llamar libro de texto budista, pero realmente es mucho más avanzado, no solo porque explica el significado de la enseñanza, sino porque nos ofrece un análisis crítico mostrando qué partes del sutra son correctas y cuáles están registradas de manera incorrecta; qué partes reflejan la verdad última y qué partes son solo verdad convencional. Tenemos que aprender a usar ese libro para poder revivir el espíritu crítico que está claramente presente en el budismo.

El Sutra Kalama relata cómo un grupo que jóvenes acudió a Buda con una pregunta: «Cada maestro religioso que pasa por nuestra villa dice que sus enseñanzas son las mejores y las más correctas, pero ¿a quién debemos creer?». Buda respondió: «Amigos, no crean nada, aún si está escrito en los sutras o lo enseña un maestro famoso. Cualquier cosa que escuchen, deben usar su inteligencia y su mente crítica para estudiarla cuidadosamente y después ponerla en práctica ustedes mismos. Si la aplican y ven que se liberan de su sufrimiento y de sus problemas, verán claramente que esa es la verdad y podrán creerlo». Los sutras como el Kalama sutra ponen en claro que el budismo es una tradición muy abierta, inteligente y crítica. Hacer del budismo una religión dogmática es avergonzar a Buda. Habremos perdido la pureza de las enseñanzas de Buda y no podremos decirnos que somos sus amigos del alma.

Thầy
Nhất Hạnh

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What is Mindfulness

Thich Nhat Hanh January 15, 2020

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